Financial Humanism [in Spanish]
Author
Jesús Rodríguez Lenin
Javier Santiso / Economista y humanista
Javier Santiso (Saint-Germain-en-Laye, 1969) es de esos raros economistas que cautivan con su discurso humanista. Nacido en el seno de una familia de emigrantes gallegos en Francia, estudió en las Grande Écoles: un sistema educativo basado en la formación más rigurosa. Doctorado en Oxford y con estudios ulteriores en Boston, en el extranjero descubrió la capacidad del sistema francés para establecer lazos de contacto entre expatriados y, de paso, detectó también la ausencia de vínculos entre españoles en el extranjero. De esa anomalía surgió la "oportunidad" de crear el Club de Argonautas, integrado por los grandes ejecutivos españoles de la diáspora. Un paso más allá ha sido la creación de un fondo de inversión paneuropeo, Kembara, especializado en captar financiación para proyectos tecnológicos de empresas emergentes europeas de todos los ámbitos.

Javier Santiso, fotografiado por Forbes el pasado viernes 13 de febrero en sus oficinas del barrio madrileño de Justicia. Fotografía: Pablo G. Tribello
Han pasado ya más de 15 años desde que creó el Club de los Argonautas y las propuestas para establecer relaciones y canalizar inversiones no han cesado.
Soy de la quinta provincia gallega, la más grande, la de la inmigración: un español nacido en Francia y educado en el sistema francés de Grande École y doctorado en Oxford. En mi trabajo en el extranjero veía que los franceses conectan muchísimo entre ellos y que los españoles no lo hiciesen entre sí me resultaba una anomalía. Así que me decidí a poner en marcha dos cosas. Por un lado, los foros, el Club Mundi, o Club de los Argonautas, en el que organizo una reunión al año de grandes directivos españoles de la diáspora. En la primera reunión que organicé éramos 63. Estuvieron Federico González, que ahora es el presidente mundial de Radisson; Ramón Laguarta, que ahora es el presidente mundial de PepsiCo; Belén Garijo, que es la CEO mundial de Sanofi o Enrique Lores, al que acaban de nombrar consejero delegado de PayPal. La última se celebró en Madrid el pasado septiembre y acudieron unos 150 ejecutivos de todas partes del mundo. Lo otro que puse en marcha era algo mucho más operativo: un fondo de inversión para los que quisieran participar, y así nació, hace diez años, Mundi Ventures, un fondo de diáspora.
¿En qué consiste exactamente un fondo de diáspora?
Toda esta fuerza de altos ejecutivos españoles por el mundo, el Club de los Argonautas, está formado por 750 personalidades. Y algunos de ellos han invertido en Mundi Ventures, un fondo de inversión en tecnologías. Ahí están, entre otros, Carlos Reines, presidente y cofundador de RubiconMD, o Rebeca Minguela, fundadora y CEO de Clarity. Los dos están en Nueva York. Pero hay otros en Boston, otros en Palo Alto, otros en Londres, como Esther Rodríguez, CEO y CSO de Acurable, una eminencia en ingeniería electrónica, que es catedrática en el Imperial College de Londres. Todo es talento de los comités ejecutivos del mundo corporativo que está apoyando también el talento de españoles repartidos por el mundo, mucho más jóvenes, creando empresas de tecnología.
Mundi Ventures ha lanzado ahora otro fondo de inversión en tecnología avanzada, Kembara, que amplía su ámbito a toda Europa.
Mundi Ventures se ha venido desarrollando desde hace diez años y hemos lanzado Kembara, un fondo de deep tech, porque en Europa se produce una anomalía que no sucede en Estados Unidos: las empresas emergentes en tecnologías industriales, las que más nos interesan actualmente en Europa, no tienen el capital suficiente para que llamen la atención de las inversiones de Series B y Series C. Te pongo un ejemplo: Submer Technologies es una empresa española de tecnología en la que invertimos hace diez años con el primer fondo de diáspora. Es una empresa increíble que este año podría facturar perfectamente cien millones. Es grande, pero no tiene todavía EBITDA positivo y, por eso, a los fondos de private equity no les aparece en su radar, porque estos buscan EBITDA positivo, de forma que estas empresas europeas, que estarían en las Series B y Series C, y que están escalando, se quedan huérfanas de financiación.
¿Y es ahí precisamente cuando interviene Kembara?
Eso es. Les ayuda a ir del territorio del capital riesgo puro y duro a entrar en zonas de EBITDA positivo. Kembara lo hemos abierto con 750 millones y es el mayor fondo de deep tech que opera desde Europa. En Estados Unidos, esto que acabo de explicar, la diferencia entre el capital riesgo y el private equity, es irrelevante, porque allí los fondos son enormes, algunos de ellos de 9.000 millones. Kembara es también un llamamiento al sector privado europeo, porque necesitamos espabilarnos, porque la oportunidad aquí es tan grande que la aprovechan. ¿Quiénes? Los americanos, claro. Mientras, nosotros, los europeos, miramos los pajaritos volar.
¿Qué quiere decir?
En 2025, en EE UU se han invertido en deep tech 75.000 millones, mientras que en Europa apenas se llegó a 15.000 millones: cinco veces menos. Es una mala noticia, pero hay otra peor: de estos 15.000 millones invertidos en tecnológicas de deep tech y todo tipo de nuevas tecnologías, 10.000 millones proceden de EE UU o de otros países fuera de Europa. Es decir, nosotros, los europeos, somos incapaces de invertir en nuestras propias tecnológicas emergentes que están escalando. Es lo que refleja el informe Draghi sobre el futuro de la competitividad europea.
¿Están llegando buenas noticias?
Los europeos perdimos la ola anterior de tecnología, pero entonces había explicación: la perdimos porque somos un continente maravilloso, pero fragmentado. Hay 40 estados pequeñitos. La ola anterior, la de las estadounidenses META, Google, Amazon o Netflix y las chinas TikTok o Shein, era de escalar plataformas y las plataformas necesitan volumetría, espacio para desplegarse, es decir, un país-continente. Y nosotros, aunque tengamos la Unión Europea, somos, en cambio, un continente de países. Pero la próxima ola, que ya está aquí, no podemos perderla. Primero porque ya tenemos una capacidad brutal instalada: uno de cada dos centros punteros en el mundo de ciencias y tecnología del top-100 mundial son europeos. Hablo en el sentido geográfico, no sólo de la UE. Incluyo al Reino Unido y a Suiza. Y, además, con la ayuda de Trump, si jugamos bien nuestras cartas ese vivero se va a ampliar. La expulsión de talento que se está produciendo en EE UU puede ser también una oportunidad si Europa la aprovecha. Voy a utilizar datos americanos: hay un 30% más de ingenieros de deep tech en Europa que en EE UU, y la capacidad tecnológica de creación de empresas de este tipo es un 30% más grande en Europa que en EE UU. Por otra parte, hay un tejido industrial colosal en Europa: las industrias están ahí todavía. Estamos en cualquier sector: Airbus, en aviación; Dassault, en el sector militar; Iberdrola, en energía; Inditex, en el comercio al por menor; ABB, en robótica y automatización; Siemens, en producción industrial; Novo Nordisk, farmacéutica… Tenemos un gran racimo de talento científico y tecnológico y un potencial brutal de ingeniería en deep tech.
¿Cómo surge la idea de Kembara?
Fue cuando trabajaba para Khazanah Nasional Berhad, el fondo soberano de Malasia. De hecho, Kembara es una palabra malaya que significa "viaje humilde a ras de tierra". Yo he trabajado para tres personas extraordinarias. José Ignacio Goirigolzarri, que es quien me trajo a España en 2001, cuando él era CEO de BBVA; José María Álvarez Pallete, que me ficha en 2010 y me volvió a traer a España, porque me había ido a trabajar a la OCDE entre 2005 y 2010, para incorporarme a Telefónica; y Azman Mokhtar, el presidente de Khazanah en esa época, en 2019, que contactó conmigo. Cuando empecé a trabajar con él, a los miembros del comité ejecutivo nos obligaba a realizar, una semana al año, un viaje a Malasia. Pero había un truco: no podíamos utilizar los servicios de nuestros asistentes o secretarias para organizarnos el viaje ni podíamos emplear transporte privado, todo tenía que ser en transporte público, y no podíamos viajar en business, ni para llegar al país. Y los hoteles en los que nos hospedábamos tenían que ser, como máximo, de dos estrellas. Así aprendíamos la realidad del país. Y por eso el nombre del fondo es Kembara: "viaje humilde a ras de tierra". Y me lo apliqué también a la hora de plantear que Europa es algo más que Fráncfort, Londres o París. Y había que ir a Edimburgo para encontrar Skyscanner. Había que ir a Barcelona para encontrar Submer, o a Estocolmo, o a Róterdam. Clarity, por ejemplo, es una empresa de IA que, técnicamente, es estadounidense: tiene cinco empleados en Nueva York. Pero de sus 305 ingenieros 300 están en Madrid. El Fondo Europeo de Inversiones ha invertido en Kembara 350 millones, que es la mayor inversión de su historia en un fondo de tecnología. Y la sede está aquí mismo, donde estamos sentados.
"Con la ayuda de Trump, si jugamos bien nuestras cartas, la expulsión de talento que se está produciendo en EE UU puede ser una oportunidad… si Europa la aprovecha"
— Forbes España, abril 2026
